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Kafka y el problema teológico político. Primera parte
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Kafka y el problema teológico político. Primera parte

Kafka y Job

Traducción del alemán de Francisco Caja.

Según el Libro de Job tan sólo el inocente experimenta la ira de Dios como tal, porque el culpable la siente como justicia, venganza y equilibrio en el cosmos.

          Job se sabe completamente inocente, pero sin embargo, o tal vez debido a ello, sufre el peor castigo. De esto se deduce que la realeza de Dios se basa sólo en el hecho de que Dios no obedece ninguna ética, pues no obra por motivos de historia personal, actos y circunstancias del sujeto, sino tan sólo por medio de meras decisiones. Estas decisiones son infundadas, arbitrarias, incluso insensatas. Lo que Job experimenta propiamente es la insensatez de Dios.

          El hablar de falta de sentido y de fundamento de las decisiones nos conduce directamente al interior del ámbito del problema teológico-político. Pero al mismo tiempo también nos encontramos justamente en el corazón de las historias y novelas de Kafka. El hecho de que en la literatura de Kafka no haya referencia alguna a Dios, porque ha desparecido, está oculto o, más precisamente, ha sido liquidado, es completamente irrelevante. En el mundo secularizado de la literatura moderna, así como en el del problema teológico-político moderno, la presencia divina no es propiamente más que una sutileza, porque lo único que tiene sentido es la huella de Dios.

          Si, por ejemplo, tomamos El Proceso de Kafka, por ejemplo, nos encontramos con la misma estructura que en Job: desde el principio, K. se sabe inocente, como podemos leer en la primera línea:

«Alguien debe haber calumniado a Josef K., pues sin que haya cometido ningún crimen, fue arrestado una mañana».

Kafka, El proceso, Incipit

          Esa es la misma pregunta que Job se repite una y otra vez: ¿qué he hecho?

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